Seguramente no exista una criatura tan magnífica sobre la faz de la tierra. Los elefantes poseen un comportamiento social muy complejo, sus sociedades están basadas en la unidad familiar compuesta generalmente por una hembra adulta, la más joven de sus hijas sexualmente maduras y otros miembros de la prole; a su vez estas unidades familiares se combinan para formar unas familias mayores (decenas de miembros), clanes (cientos de ejemplares) y verdaderas poblaciones (miles).

Son los miembros vivientes del grupo del orden Proboscidea (nombre que deriva de la trompa o probóscide). La presencia de esta en los elefantes es conocida desde tiempos remotos. Hoy en día, el elefante africano (Loxodonta africana) y el elefante asiático (Elephas maximus) son los únicos supervivientes del género. A principios del s.XIX, cuando se hallaron los primeros fragmentos de cráneos fósiles, algunos expertos consideraban que pertenecían a un enorme herbívoro marino, como si fuera una especie de hipopótamo y no un proboscídeo ya que por aquel entonces era complicado determinar si se trataba de una especie marina o terrestre, de hecho no se supo que no era un animal carnívoro hasta 1853. No fue hasta el hallazgo de huesos de sus extremidades traseras lo que permitió encuadrarlo con los proboscídeos. La mayor parte de los proboscídeos extinguidos, como los elefantes de hoy en día, han tenido trompa.

A día de hoy, nadie sabe con certeza cual de las especies posee un mayor parentesco con los elefantes. Algunos expertos señalan al damán (del orden de los hiracoideos) como su pariente más próximo, otros abogan por el manatí (orden de los sirenios). Lo que está claro es que a simple vista no hay nada que vincule a estas tres especies, pero la lista de características comunes entre proboscídeos, sirenios y hiracoideos es bastante extensa; por ejemplo, todos tienen los huesos del carpo en disposición serial; además todos los estudios bioquímicos realizados los vinculan. Las pruebas más recientes afirman que tuvieron un antepasado común que vivió aproximadamente hace 60 o 65 millones de años. Como en su día afirmó el famoso paleontólogo Alfred Romer, “Una de las historias más espectaculares en la evolución de los mamíferos es la del orden de los proboscídeos: los elefantes, los mastodontes y sus parientes más cercanos”. Los primeros restos fósiles del primer proboscídeo fueron descubiertos en Egipto y se cree que vivió durante el Eoceno hace unos 40 millones de años.

Hoy en día, podemos distinguir dos tipos de elefante, el africano (Loxodonta africana) y el asiático (Elephas maximus), a su vez dentro del los primeros encontramos dos sub-especies, el elefante africano de sabana (Loxodonta africana africana) y el elefante africano de selva (Loxodonta africana cyclotis) bastante menor que el primero. En cuanto a sus parientes asiáticos, distinguimos tres sub-especies: el elefante asiático continental (Elephas maximus indicus) llamado comúnmente elefante indio, el elefante de Sri Lanka (Elephas maximus maximus) y el elefante de Sumatra (Elephas maximus sumatranus). Ambas especies, el africano y el asiático, son el resultado de más de 50 millones de años de evolución. El africano es el mayor de los mamíferos terrestres modernos. Los machos adultos pueden alcanzar hasta 4 mts. de altura en la cruz con una longitud total que oscila entre los 7 y 9 mts., en cambio las hembras son algo menores ya que su altura rara vez supera los 3,4 mts y su longitud varía entre los 6 y 8 mts. El peso de las hembras oscila entre los 3000 y 4000 kgrs., mientras que el de los machos adultos pueden llegar a superar las 7 toneladas. Este gran tamaño, a parte de darles una ventaja sobre los depredadores, les permite perder menor calor corporal.

A pesar de pertenecer a la misma especie, los elefantes africanos difieren bastante de sus primos asiáticos. Una de las principales diferencias reside en que los segundos se alimentan básicamente de hierba, mientras que los africanos lo hacen de hojas, corteza de árboles e, incluso, frutos. La trompa del elefante africano es más arrugada y flexible que la de su pariente asiático, además posee dos lóbulos en lugar de uno. Otra diferencia palpable a simple vista es el tamaño. Los ejemplares africanos son mucho más pesados que los asiáticos que no suelen superar las 5 toneladas y, por lo tanto, sus dimensiones son más reducidas. Las orejas son otro punto de desencuentro, así mientras que las de los elefantes africanos son más grandes y superan la altura del cuello, la de los asiáticos son más reducidas y no superan la altura del cuello. En los ejemplares africanos, tanto machos como hembras suelen tener colmillos aunque relativamente mayores en los machos, en los ejemplares asiáticos por lo general sólo los machos disponen de ellos.

Incluso entre las dos sub-especies de elefantes africanos, de sabana y de selva, se pueden apreciar diferencias significativas. Los elefantes de sabana son bastante mayores que los de selva cuyo tamaño es más parejo al de los asiáticos (entorno a 4500 kgrs). La piel en los ejemplares de sabana es mucho más oscura y con bastante más pelo que en los de selva. Las orejas de los elefantes de selva tiene forma redondeada mientras que la de los ejemplares de sabana es más triangular, además los de selva suelen disponer de más uñas tanto en las patas traseras como delanteras (hasta 5). Entre las tres sub-especies asiáticas también hay diferencias aunque o tan definidas como en los africanos, siendo el elefante de Sri Lanka (E.m.maximus) el de mayor tamaño.

Los elefantes, tal y como los conocemos son unas criaturas voluminosas, pero a pesar de ello son muy buenos nadadores; es más, figuran entre los mejores nadadores entre los mamíferos terrestres. Se han avistado elefantes nadando a través de ríos y lagos, e incluso en mar abierto entre las islas de Kenia y la costa, así como en el archipiélago de Andamán y cercas de la costa de Sri Lanka. Se ha comprobado que los elefantes pueden nadar hasta seis horas seguidas sin tocar fondo y que son capaces de cubrir distancias de hasta 50 kms a una velocidad de 2 kms/hr. Se han hallado restos de elefantes en lugares tan lejanos como Sicilia, Cerdeña, Creta, Chipre y Malta. Estos restos pertenecieron a elefantes del género Palaeoloxodon, que apareció en África hace unos 4 millones de años y emigró a Eurasia hace unos 2 millones de años. Muchos de estos restos pertenecían a elefantes enanos, sobretodo en las islas cícladas. Hasta hace poco se creía en que todavía era posible encontrar estos elefantes diminutos en algunas regiones de África, llamados “pigmeos”, pero luego se descubrió que eran de la sub-especie de selva.

Uno de los aspectos más llamativos de los elefantes, sino el que más y que a supuesto a parte de su admiración su cruel persecución hasta límites extremos, son los colmillos. En los ejemplares africanos, los ejemplares de ambos sexos pueden desarrollar colmillos de una longitud similar, aunque por lo general los machos suelen tenerlos más grandes. En la especie asiática, los machos casi siempre presentan estas defensas mientras que las hembras suelen carecer de estas o tenerlas muy reducidas. Los colmillos más largos de los que se ha tenido noticia de un elefante africano medían 3,26 mts y los más pesados superaban los 102 kgs. Los récords de los elefantes asiáticos estaban en 3,02 mts para los colmillos más largos y 39 kgs para los más pesados. El peso medio de los colmillos de los ejemplares africanos está descendiendo cada año a un ritmo alarmante de casi 1 kg. Una de las opciones que se han barajado para paliar la demanda de marfil y la matanza de elefantes sería la de cortarles los colmillos para minorar la salvaje persecución a la que están sometidos en algunas regiones; pero esto no es tan sencillo como ocurre con los rinocerontes por varios motivos. Los costes de atrapar y anestesiar a cada uno de los ejemplares con colmillos serían elevadísimos debido al gran número de paquidermos en comparación con el de rinocerontes que es muchísimo más reducido. Por otro lado, el corte de los colmillos llevaría la inevitable sección de tejidos nerviosos que puede resultar muy dañino para el animal.

Otro de los elementos corporales característicos de los elefantes es la trompa o probóscide. A esta parte del cuerpo se la definió por parte de los primeros naturalista como ´la mano del elefante´. Este órgano cuenta con más de 40000 músculos. El grado de flexibilidad y maniobrabilidad de este miembro es extraordinario y es utilizado para multitud de funciones. La trompa es el resultado de la fusión de la nariz y el labio superior y se haya compuesta de miles de músculos, vasos sanguíneos y linfáticos, nervios, grasa, tejido conjuntivo, piel y pelo. Posee una enorme sensibilidad y una estructura interna bastante compleja. La trompa es a los elefantes lo que las manos a los seres humanos. Se cree que la especia asiática tiene mayor coordinación de la trompa que la africana y, que por lo tanto, es capaz de realizar más tareas que sus primos africanos. La trompa de un elefante asiático adulto puede contener unos 8 litros de agua, y un macho adulto sediento puede beber más de 200 litros en menos de 5 minutos. Con la trompa los elefantes huelen, beben, se alimentan, tocan, palpan, se cubren de polvo, levantan objetos, se defienden,... con lo que se trata de un órgano vital e indispensable. En términos absolutos, los elefantes aspiran alrededor de un 70% del aire por la trompa y el resto por la boca.

Siempre se ha afirmado que los elefantes poseen una inteligencia fuera de lo normal. El cerebro de un ejemplar adulto llega a pesar entre 4,5 y 5,5 kgs, mientras que el de un hombre ronda los 1,6 kgs, por lo que en términos absolutos el cerebro del paquidermo es tres veces mayor al nuestro. Al nacer el cerebro de una cría puede pesar alrededor de un 35% del peso alcanzado por un cerebro adulto. En cuanto a su corazón, este es gigantesco, ya que puede llegar a pesar más de 20 kgs según el tamaño del ejemplar. La temperatura corporal media es muy similar a la nuestra ya que se sitúa en 35,9 ºC, pero gracias a que disponen de un mecanismo fisiológico especial pueden alterar la temperatura corporal varios grados, esto es lo que les permite soportar condiciones climatológicas extremas sin perder mucha energía.

Los elefantes son animales que pueden vivir tanto como los seres humanos, aunque determinar la edad de un paquidermo no es tarea fácil. Existen varias formas de determinar la edad del animal, un método útil para saber la edad de los más jóvenes consiste en medir la altura del elefante en la cruz, pero no es un sistema válido para los ejemplares de más de treinta años. Quizás el método más aceptado para determinar la edad del elefante sea el de observar las piezas dentarias presentes y ver su grado de erosión ya que este varía con la edad del animal. Mucha gente cree que los elefantes más viejos son centenarios, cuando la realidad es que es poco probable que algún individuo alcance dicha edad. No es fácil determinar las edades de los animales en libertad como con los que están en cautividad; quizás en poblaciones sometidas a estudios constantes como ocurre en Amboseli, en Kenia. Se tiene constancia de un elefante asiático de Sri Lanka que falleció a la edad de 82 años, pero estaba en cautividad.

Dependiendo muy mucho del lugar donde se localicen, la esperanza de vida variará; así por ejemplo según un estudio realizado, la mortalidad de las crías de elefante en el parque del Lago Manyara, en Tanzania, era de un 10%, mientras que en el Parque Nacional de Tsavo, en Kenia, la mortalidad alcanzaba el 36% durante este prime año de vida de las crías. La muerte a los elefantes se les puede presentar de diversas formas, por ataques de depredadores, principalmente leones, hambre, sed, cazadores furtivos, cazadores de trofeos o enfermedades. El número de enfermedades infecciosas que pueden contraer los elefantes es enorme. Las infecciones en la sangre, como la septicemia, son muy comunes entre los elefantes criados en cautividad, así que probablemente también lo sea para los ejemplares en libertad. Aunque sin duda, la principal amenaza para las vidas de los paquidermos la constituye el ser humano. En el sur de la India se realizó un estudio que reveló que 2/3 de los elefantes machos morían a causa de la depredación humana ya sea a manos de campesinos que los matan para defender sus cosechas o a manos de los cazadores furtivos.

En general, los elefantes pueden vivir en la medida que sus dientes se lo permiten. Cuando el último molar llega a su fin, el elefante ya no podrá masticar con lo que su alimento se verá dramáticamente limitado. La tendencia de los ejemplares más viejos a morir en una misma región ha dado pie al famoso mito de los cementerios de elefantes, aunque la verdad es que los elefantes no van a morir a un lugar determinado.

Los elefantes viven en sociedades coordinadas por multitud de estratos de comunicación. Tanto adultos como crías se asocian con la trompa en señal de bienvenida o se empujan cabeza contra cabeza en señal de dominio. Esta comunicación táctil es de vital importancia, especialmente en la educación de las crías. La trompa juega un papel determinante en la comunicación, cuando es levantada absorbe del aire los olores en suspensión a través de los lóbulos. Si bien su agudeza visual es buena en la corta distancia, en distancias largas utilizan poco la vista para obtener información sirviéndose más de la probóscide. Las glándulas temporales localizadas entre el ojo y la oreja constituye otra fuente vital de mensajes químicos. En las hembras, las secreciones en las glándulas son proporcionales a su estado de excitación y/o nerviosismo; en los machos, son muy normales en estados de nerviosismo, apareamiento o musth.

Los elefantes poseen un amplio repertorio de vocalizaciones, pero la mayoría son de tan baja frecuencia que resultan inaudibles para los humanos. Se cree que producen todas estas vocalizaciones con la laringe, aunque algunas se ven modificadas por la trompa. Algunas de estas llamadas son audibles a varios kilómetros de distancia. En los machos algunas de estas vocalizaciones están asociadas al musth que se cree que son para evitar encuentros no deseados. Las hembras durante el proceso de celo, emiten una potente y repetitiva llamada de baja frecuencia que ayuda a los machos a localizarlas a más de cuatro kilómetros.

Estos grandes animales requieren para su sustento altas dosis de comida. Se cree que los elefantes requieren entre 100 y 300 kgs de comida diaria para los africanos y alrededor de 150 kgs para los asiáticos dedicando unas 16 horas al día a alimentarse. Las hembras suelen comer un 80% de lo que comen los machos. Esta gran cantidad de comida requerida repercute de manera negativa en el ecosistema que habitan con efectos más que notables sobre el medio. Los elefantes son capaces que cambiar por completo un ecosistema en pocos años, y en aquellas regiones donde los elefantes han desaparecido el cambio en la vegetación es notorio. Uno de los ejemplos más claros al respecto se produjo en el Parque Nacional de Queen Elizabeth, en Uganda, donde la caza furtiva en la década de los 70 casi acaba con la población de paquidermos cifrada en más de 4000 ejemplares quedando reducida a un par de cientos.

Los elefantes no parecen temer a otros animales, de hecho los ignoran o hacen que retrocedan ante su llegada. Aún así, estudios recientes muestran que en ocasiones machos adultos en estado de musth pueden resultar fatalmente agresivos con otras especies, especialmente con los rinocerontes. Elefantes y rinocerontes están considerados como enemigos ancestrales. Lo normal es que si se cruzan no ocurra enfrentamiento alguno. Salvo cuando se trata de un macho adulto, los elefantes suelen superar en número a los rinocerontes si se encuentran, por lo que lo normal es que estos últimos cambien de dirección. También es cierto que en muchísimos lugares de África estas dos especies conviven en armonía tolerándose uno al otro. Siempre hay excepciones, como las relatadas en los parques sudafricanos de Kruger y Pilanesberg. Los elefantes africanos suelen ser muy hostiles con los leones, ya que son una seria amenaza para las crías, e incluso para los elefantes adultos. En determinados lugares de África como en Chobe, en Bostwana, los elefantes constituyen una pieza importante en el menú de los felinos.

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