Hoy en día, podemos distinguir dos tipos de elefante, el africano (Loxodonta africana) y el asiático (Elephas maximus), a su vez dentro del los primeros encontramos dos sub-especies, el elefante africano de sabana (Loxodonta africana africana) y el elefante africano de selva (Loxodonta africana cyclotis) bastante menor que el primero. En cuanto a sus parientes asiáticos, distinguimos tres sub-especies: el elefante asiático continental (Elephas maximus indicus) llamado comúnmente elefante indio encuadrado en la lista de especies amenazadas (EN - Endangered) por el CITES y que actualmente se puede encontrar en India (26000-31000), China (200-250), Indonesia (2400-3400), Nepal (100-125), Bangladesh (150-250), Bután (250-500), Myanmar (4000-5000), Laos (500-1000), Tailandia (2500-3200), Camboya (300-600), Vietnam (70-150), Malasia (2100-3100) y Borneo; el elefante de Sri Lanka (Elephas maximus maximus) que vive únicamente en Sri Lanka y cuya población se calcula entre 2550 y 4000 ejemplares; y el elefante de Sumatra (Elephas maximus sumatranus). Según fuentes de 2003 la población de elefantes asiáticos en libertad oscilaba entre 41000 y 53000 ejemplares y decreciendo. En cautividad se cree que el número de elefantes se encuentra entre los 13000 y 17000 ejemplares.

En cuanto al elefante africano, la sub-especie que nos ocupa, antaño vagaba libremente por prácticamente todo el continente exceptuando buena parte de Argelia, norte del Chad y Libia, es decir, se hallaba por todas partes salvo en el gran desierto del Sahara y Madagascar. Según el CITES el elefante africano se encuentra en una situación catalogada como vulnerable (VU) desde 2004 ya que antes estuvo catalogada como especie amenazada (EN). Actualmente es posible avistar elefantes en 37 países africanos, es decir, que todavía hoy se pueden ver en todos los países del África subsahariana salvo en Burundi, Gambia y Mauritania. En Swazilandia fueron reintroducidos en la década de los 80 ya que desaparecieron en 1920. El elefante de sabana (Loxodonta africana africana) se haya presente en Senegal, Mali, Guinea, Burkina Faso, Costa de Marfil, Níger, Ghana, Togo, Benin, Nigeria, Camerún, Chad, República Centro africana, Zaire, Sudán del Sur, Etiopía, Somalia, Uganda, Kenia, Tanzania, Zambia, Malawi, Mozambique, Angola, Zimbabue, Namibia, Bostwana y Sudáfrica; mientras que el elefante de selva (Loxodonta africana cyclotis) se encuentra en Senegal, Guinea Bissau, Guinea, Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benin, Nigeria, Camerún, Guinea Ecuatorial, Gabón, Congo, Zaire, Uganda, Ruanda y, quizás, en el norte de Zambia.

Es importante resaltar que en cada país la situación es bien distinta, ya que en algunos están mucho más amenazados que en otros y en muchos parques y reservas como en Amboseli o en Chobe gozan de muy buena salud. Aun así, en países como Camerún, República Centro africana, Chad, Congo, Zaire o Guinea Ecuatorial la situación de los elefantes es bastante delicada y figuran en la lista roja de especies amenazadas en la categoría de amenazados (EN). En Eritrea, Etiopía, Ruanda, Somalia, Uganda, Benin, Burkina Faso, Costa de Marfil, Ghana, Guinea, Guinea Bissau, Mali, Níger, Nigeria, Senegal, Togo, Sierra Leona e incluso en países tan ricos en parques y reservas como Kenia y Tanzania el estatus de los paquidermos es vulnerable (VU). Tan sólo en países como Bostwana, Angola, Malawi, Mozambique, Sudáfrica, Zambia y Zimbabue la población de elefantes parece gozar de buena salud. De entre todas las regiones del continente africano, África occidental y África central son las que han experimentado un retroceso más que importante de la población de elefantes en los últimos ochenta años.

En 1979, los primeros estudios dieron como resultado una población total de elefantes en África de 1300000 ejemplares con lo que la especulación con el comercio de marfil cobró fuerza al igual que el furtivismo; apenas 8 años después se volvió a realizar un estudio para censar de forma más exacta el número de paquidermos que pululaban libremente por el continente y los resultados revelaron que la población había descendido a poco más de 750000 individuos. Si los resultados del estudio anterior eran correctos, ello significaba que en apenas 8 años más de medio millón de ejemplares fueron abatidos. Por primera vez todos los expertos admitieron que el comercio de marfil fue la principal causa de tan nefasto descenso. Otros estudios fueron más allá afirmando que la población real a duras penas sobrepasaba por esas fechas los 600000 ejemplares. Los estudios desvelaron un declive sin precedentes en las poblaciones de Uganda, Kenia y Tanzania, ya que sólo en el este de África se cifraba el número de muertes en cerca de 185000 ejemplares. Algunos de los parques y reservas más importantes de la región como los de Ruaha en Tanzania, Murchison Falls en Uganda o el de Tsavo en Kenia casi aniquilaron por completo la población de paquidermos. La reserva de Selous en Tanzania fue un caso especialmente sangrante, ya que sólo aquí fueron abatidos cerca de 80000 ejemplares en ese período. Curiosamente, no todo fueron pésimas noticias ya que en Bostwana y Zimbabue por ejemplo la población de elefantes aumentó. La prohibición del comercio del marfil tuvo efectos inmediatos ya que el descenso del furtivismo no se hizo esperar, sobretodo en países como Uganda, Kenia y Tanzania.

Actualmente, el elefante africano figura desde 1989 en el apéndice I del CITES, pero algunos países como Bostwana, Namibia, Sudáfrica y Zimbabue lo han incluido en el apéndice II. La caza deportiva está aún hoy permitida por algunos países como Bostwana, Camerún, Gabón, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Tanzania, Zambia y Zimbabue con cuotas para la exportación marcadas por el CITES. En los últimos años el número de elefantes africanos exportados a los zoos de todo el mundo a aumentado sustancialmente sobretodo a raíz de que el elefante asiático ha figurado como especie amenazada en el apéndice I del CITES. Se cree que la población de elefantes en parques zoológicos y circos del mundo puede rondar los 3000 ejemplares, donde un 75% aproximadamente son de la sub-especie asiática; aunque esta población es mucho mayor si incluimos los animales destinados a safaris, industria maderera, ceremonias y otras actividades pudiendo alcanzar la trágica cifra de 20000 ejemplares.

Actualmente, los elefantes de sabana ocupan hábitats muy variados, desde praderas abiertas hasta regiones boscosas pasando por sabanas áridas y desiertos hasta zonas pantanosas y llanuras aluviales, y desde el nivel del mar como en ciertas regiones de Namibia por ejemplo hasta regiones montañosas cerca de la nieves perpetuas como el el Monte Kenia o el Monte Elgon. Los elefantes de selva, por contra, suelen vivir en regiones ecuatoriales selváticas principalmente del centro y el oeste del continente aunque en algunos países su área de distribución de solapa con su hermano mayor. Las actuales poblaciones de elefantes en libertad siguen rutas migratorias locales muy fáciles de estudiar mediante la colocación de collares radiotransmisores. Gracias a este método de estudio se han encontrado restos de estos paquidermos desde 200 mts. por debajo del nivel del mar hasta a más de 3000 mts. de altitud.

Las sociedades de estos animales están organizadas sobre líneas matriarcales. La unidad familiar consta de una hembra adulta (matriarca) y varias hijas, ya que los machos por norma general suelen abandonar el grupo a la edad de entre 8 y 13 años. Una vez solos los machos tienden a vivir solos o en pequeñas manadas constituidas por otros machos jóvenes. Parece ser que en las unidades familiares las lluvias juegan un papel muy importante con algunas de las actividades más vitales de los elefantes como son el apareamiento y el nacimiento de las crías. Los desplazamientos dentro del propio territorio suelen seguir el mismo círculo cerrado, conocido como migración estacional. Los territorios propios de los elefantes pueden variar de un lugar a otro pero generalmente oscilan entre un mínimo de 15-50 kms2 y un máximo de 500-1500 kms2. Se cree que una manada puede viajar entre los 5000 y 10000 kms al año para completar un ciclo de dicha migración estacional. A causa de su gran tamaño, de su enorme fuerza, de sus ingentes necesidades de agua y comida (un elefante necesita consumir diariamente entre 75 y 150 kgs de comida y entre 80 y 160 lts de agua), los elefantes poseen una capacidad destructiva sobre el entorno enorme (aunque ni mucho menos como el hombre), hasta tal punto que una sabana o un bosque arbolado pueden quedar reducido a una mera pradera en pocos años. Ello ha generado un más que cuestionable política de control de la población de elefantes: las matanzas selectivas.

En África viven unas 860 especies de mamíferos, de todas ellas solo una tiene la capacidad de alterar e incluso destruir el hábitat que les rodea, y ese es el elefante. El ser humano y el elefante son dos especies es constante competencia, y esta competencia se palpa más en lugares donde la población humana está en constante crecimiento. La destrucción de árboles por parte de los paquidermos puede iniciar un ciclo de sucesos que pueden alterar por completo el ecosistema. Muy pocas áreas de África son lo suficientemente extensas como para tolerar los efectos de tal devastación sin que el entorno se vea seriamente afectado. Uno de los objetivos de la gran mayoría de parques y reservas es la de mantener la biodiversidad biológica, intentando reducir al máximo cualquier riesgo de extinción de cualquier forma de vida. En condiciones naturales, sin la injerencia del hombre, los elefantes pueden mantener una tasa aproximada de crecimiento poblacional de un 7% anual debido a que la mortalidad de estos animales es relativamente baja al carecer de enemigos naturales con la excepción del hombre.

La “superpoblación” de elefantes es un problema serio que tienen entre manos a los responsables de los parques y reservas ya sean de índole pública o privada. En aquellos lugares donde el control y protección de los parques ha disminuido, la caza furtiva a diezmado tanto la población de paquidermos que la opción d ella matanza selectiva ni se contempla. Ese fue el caso de la Uganda del dictador Idi Amin, donde la caza furtiva diezmó la población de elefantes del parque de Murchison Falls de 14000 ejemplares a poco más de 2000. Hoy, solamente se puede afirmar que en ciertas regiones del sur de África, como algunas parques de Bostwana y Zimbabue se podría considerar que hay superpoblación de elefantes. Desgraciadamente, las matanzas selectivas como elemento regulador del número de ejemplares es una práctica que hoy se lleva a cabo en muchos países. Así, en Zimbabue, Sudáfrica y Namibia el número de elefantes se controla por medio de esta práctica; en otras como Uganda y Zambia, los cazadores furtivos llevaron a la población de elefantes casi a la extinción por lo que estas prácticas no se aplican; en el Serengeti, en Tanzania, sólo hay luz verde para abatir a machos conflictivos. La matanza selectiva de animales es considerada como un precio a pagar para mantener el equilibrio del ecosistema; no solo es aplicada en África con los elefantes, sino que también se da en otros lugares del mundo como en Perú con la vicuña, en Canadá con las focas, en Estados Unidos con los alces o en Venezuela con las capibaras. Mediante la matanza selectiva de elefantes, todo el animal se utiliza, la carne va dirigida al consumo humano, con el cuero se hacen zapatos, cinturones y bolsos y la venta de marfil reporta divisas al país. Solo por ello, la matanza selectiva de elefantes se considera una necesidad en África, pero, ¿realmente lo es?. Es cierto que en lugares como Chobe, en Bostwana o Amboseli, en Kenia, la población de elefantes conjunta puede superar los 200000 individuos, como que también en parques como Etosha o el Tsavo a pesar de sus enormes proporciones la población de elefantes es limitada en proporción, así como que en muchos parques y reservas de África los elefantes han desaparecido como es el caso de Burundi o Mauritania. Es decir, en vez de sacarificar a los animales haya donde haya superpoblación o donde entren en conflicto con las personas se podrían reintroducir dichos ejemplares a otras zonas donde su número se viese más limitado o sencillamente el furtivismo haya acabado con ellos, pero claro, es un proceso mucho más costoso que pegar un tiro de gracia al animal, además si unimos a lo costoso de reintroducir estos elefantes a otras regiones el hecho de que esto no reportaría nada al país salvo un puñado de dolares, la opción de abatirlos es más suculenta económicamente hablando.

Las matanzas selectivas se suelen presentar como una forma humanitaria de controlar la especie, pero la verdad es que no tienen nada de humanitario. Familias enteras son cercadas y abatidas a tiros desde un helicóptero o desde tierra, sin dejar con vida a ningún individuo para que no vivan con el trauma de haber visto como sus miembros fueron asesinados. Se dice con frecuencia que la venta de productos de los animales abatidos mediante este procedimiento contribuye a financiar actividades de conservación, lo cual es cuanto menos dudoso ya que la propia matanza de elefantes es un procedimiento costoso. El coste de abatir un elefante puede suponer unos 400$ en un país tan empobrecido como Zimbabue. A principios de los 90 se llevaron a cabo matanzas controladas de elefantes, lo que supuso que unos 35000 ejemplares fueran abatidos en dicha época (el coste supondría más de 15 millones de dólares); además, en este país los ingresos por la venta de marfil o el cuero no redundan en los parques sino que va a parar a las arcas del Estado. Curiosamente, por contra de lo que afirman, las matanzas selectivas no reportan gran cantidad de marfil dado que al abatir familias enteras, estas al estar compuestas por hembras, no repercuten grandes cantidades del apreciado material. Tampoco mejora la diversidad genética de los individuos; algo que si lo haría sería trasladar a familias enteras a otras regiones para que a la hora de procrear el riesgo de endogamia fuera nulo. Esto es lo que han hecho por ejemplo en muchas partes de Asia con muchos elefantes conflictivos. En Asia el número de habitantes por kilómetro cuadrado es superior al de África, y aquí optan por la táctica de reintroducir a los animales conflictivos en otros lugares en vez de abatirlos. Además este cruel procedimiento trae consigo la decadencia del turismo y ver como los ingresos procedentes del turismo se resientan al saber que muchos turistas se oponen a este método, pudiendo dejar de visitar lugares donde se pongan en vigor estas prácticas por otros que no lo hagan.

Existen otros métodos alternativos a la matanza de elefantes si lo que se quiere es controlar su población. Uno sería el de ampliar los territorio por donde habitan los elefantes mediante la creación de parques trasnfronterizos, como es el caso del gran parque del Limpopo que incluye los parques de Limpopo, en Mozambique, el Kruger sudafricano y el Gonarezhou de Zimbabue. Esto haría que los beneficios económicos del turismo aumentasen. Esto hace que muchas reservas adopten la idea de abogar por la fauna en vista a la generación de divisas que provoca y no destinarlas a la agricultura. En muchos lugares de Sudáfrica esto viene de la mano con la creación de ofertas de empleo para la comunidad local ya que un alto % de los trabajadores son de la región. Intentar salvar la fauna sin que las comunidades locales se vean favorecidas sería un error fatal; hay que hacer ver que protegiendo a la fauna, todos ganan.

En conclusión, la matanza selectiva no es la única solución para la superpoblación de elefantes y ni mucho menos la mas humanitaria. La gente viene a África a ver animales vivos, y el elefante es todo un símbolo del continente. Parques como el de Kruger en Sudáfrica reciben cada año más de un millón de turistas. El ecoturismo es la solución, una solución en la que tanto turistas, comunidades locales y elefantes se verán sin duda favorecidos.

Algo que está claro es que el futuro de estos magníficos animales está estrechamente ligado al comercio del marfil. En 1980 había más de un millón de elefantes por toda África, sin embargo a finales de la misma década su número se había reducido drásticamente a la mitad a causa de la incesante demanda de marfil. Debido a esto Estados Unidos prohibió la importación de marfil en 1989, con lo que pronto muchos otros países tomaron la misma postura. Poco después, la CITES adoptó la prohibición internacional del comercio de marfil, pero del centenar de países que conformaban la CITES, seis de ellos (China, Zambia, Zimbabue, Malaui, Bostwana y Sudáfrica) se ampararon en excepciones para proseguir con el comercio de marfil. Antes de la prohibición de la CITES, al menos 3/4 partes del marfil en bruto era trabajado en talleres de Asia. Del total mundial del marfil trabajado, Japón compraba el 38%, Europa el 25% y EEUU el 16%.

Es de destacar, que hasta la fecha de hoy la prohibición ha alcanzado unos niveles de aplicación superiores a los previstos. Aunque la CITES no puede imponer sanciones a sus miembros, sus respectivos gobiernos han erradicado la importación y exportación de marfil con la aplicación de fuertes multas e incluso penas de cárcel. El comercio minorista ha disminuido también, y en muchos países llevar objetos de marfil se ha convertido en un acto de desaprobación. El mayor logro conseguido sin duda con tal prohibición ha sido el descenso significativo de la caza furtiva. Antes de la prohibición en Kenia eran abatidos al menos unos tres elefantes diarios, hoy esta cifra se ha visto reducida a la mitad. En general, los países que presentaban un problema muy serio con el furtivismo como Zaire, Tanzania, Zambia, Mozambique, Somalia, Sudán del Sur y la República centro africana han experimentado significativos descensos en el furtivismo. En lugares como Zaire o la Rep. Centro africana el precio de los colmillos de elefante a bajado un 75% según la WWF. Esta prohibición esta resultando en un auténtico intento por salvar a los elefantes en África. Pero la batalla no está aún ganado ya que las presiones a la CITES para que los elefantes vuelvan a aparecer en el apéndice II son constantes y ello traería consecuencias desastrosas para la población, ya que el furtivismo volvería a hacer mella por todo el continente. A día de hoy sólo las poblaciones de elefantes de Namibia, Bostwana, Sudáfrica y Zimbabue figuran en el apéndice II del CITES, el resto de elefantes africanos figuran en el apéndice I como el elefante asiático que figura aquí desde 1973.

 

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