El león (Panthera leo) es sin duda el mayor de los grandes felinos de África y el segundo en  tamaño después del tigre (Panthera tigris). El tamaño de los machos adultos oscila entre los 2,5-3,3 mts de longitud incluyendo la cola, mientras que el de las hembras es más pequeño,  entre 2,3-2,7 mts. Los machos son bastante más pesados que las hembras, ya que mientras es peso de los primeros oscila entre los 150-225 kgs., el de las hembras se mantiene entre los 110-155 kgs. Los machos adultos pueden alcanzar una altura en la cruz de 1,25 cms, mientras que las hembras rara vez superan los 110 cms. Desde la antigüedad  los grandes felinos siempre han inspirado miedo y admiración por partes iguales, pero ninguno tanto como el león. Como escribió Evelyn Ames en “A Glimpse of Eden” (Una visión del Edén):

 

 “Los leones son más que animales, son símbolos, tótems y leyenda (...) Cuando miramos a los

      ojos a un león en libertad y observamos la gracia de su larga zancada, cuando vemos la

         noble serenidad de su boca y su nariz, la orgullosa autoridad de su mentón barbado,

                   reconoceremos hasta la médula que nacimos con esa imagen grabada”


Mi primer león lo observé en el año 2005 en el Parque Nacional de Queen Elizabeth, en Uganda. Era un enorme ejemplar macho que caminaba impasivo sin molestarse de la presencia del land rover. Se veía robusto, poderoso, seguro de si mismo. Su poblada melena indicaba que se encontraba en la flor de la vida. Transmitía una serenidad y confianza que a ningún otro animal he observado, ni siquiera a los elefantes. La verdad es que al observarlo, y a medida nos acercábamos más a el, este levantaba la mirada y te clavaba esos ojos fríos a escasos metros de nosotros que daba la sensación que los que eramos observados y analizados éramos nosotros. Estaba sumido en un estado de excitación, euforia y alegría que no sabía que hacer si grabar, fotografiar o simplemente disfrutar de ese mágico momento. En ese instante me dí cuenta que nada podía ser más majestuoso que estar cara a cara frente a este poderoso animal.

Al observar a un león en libertad, una mezcla de sensaciones invaden nuestro cuerpo, una antiquísima mezcla de temor y admiración. Los leones son sin duda los animales más buscados y demandados en los safaris fotográficos por los visitantes. Ya de por sí, cualquier safari es una experiencia sobrecogedora y las sensaciones que uno tiene la posibilidad de experimentar en esta experiencia son abundantes; pero ningún safari estaría plenamente completo sin haber avistado a los leones. La gran mayoría de los turistas que se acercan a fotografiar la fauna no se irán plenamente satisfechos sino han podido observar leones, aunque sea dormitando a la sombra de una acacia.

Se puede considerar al león como la excepción en la familia de los felinos en cuanto a que son animales muy sociales (ni tigres, ni leopardos ni jaguares lo son, y los guepardos que en ocasiones forman coaliciones tampoco podemos catalogarlos como sociales). Tanto machos como hembras conviven conjuntamente en manadas. La sociedad de los leones está basada en alianzas femeninas con lazos muy estrechos ya que por lo general todas las hembras suelen estar emparentadas entre sí (hermanas, tías, primas, madres,...). El número de individuos de una manada condicionará de sobremanera el futuro de la misma, por lo que el número de hembras es de vital importancia en el grupo.

Dominar un territorio es vital para cualquier manada de leones. El tamaño del territorio estará estrechamente vinculado al tamaño de la manada, la disposición de presas y la densidad de leones que habiten en la región; así por ejemplo, en el Serengeti muchas manadas están localizadas en los bosques y no en las grandes planicies abiertas, ya que es en los bosques donde existe una población constante de alimento como búfalos, jabalíes,... En las planicies por contra, salvo en la época migracional de ñus y cebras, las presas son más intermitentes, con lo que suelen ser coaliciones de machos nómadas los que ocupen estas extensiones de terreno hasta que tengan el tamaño suficiente de tomar una manada. Las fronteras del territorio de una manada suelen ser flexibles y, por lo general, invisibles al ojo humano, ya que suelen estar delimitadas por intensos olores de orina que los machos impregnan cuando patrullan sus dominios normalmente en la noche. Mientras patrullan emiten un característico rugido audible a más de 5 kms de distancia que ayuda a disuadir a machos nómadas avisando de que ese territorio les pertenece.

Cada miembro de una manada tiene bien definido cual es su puesto en el “hogar” (se suele llamar así al corazón de los dominios de una manada, es decir, aquel lugar más seguro para parir y criar a los cachorros). Sin embargo, el concepto de “hogar” es bien distinto para los machos. La mayor preocupación de estos es dominar una manada para perpetuar sus genes y aparearse con tantas hembras como puedan. Para ello, han de patrullar constantemente los límites de su territorio y evitar que coaliciones de machos nómadas intenten invadir sus dominios ya que si lo hacen y fracasan en la defensa de su manda, estos matarían sin titubeos a los cachorros para provocar que las hembras entren en celo ya que con cachorros de por medio no lo hacen. En ocasiones los machos pueden estar días sin aparecer por la manada, todo dependerá de que tan grande sea el territorio que ocupen. Por lo general, son las hembras las encargadas de sacar adelante a las crías y de traer comida al grupo. Un porcentaje muy elevado de las cacería de los leones están dirigidas por las hembras del grupo, pero cuando las presas son de gran tamaño como búfalos, jirafas o incluso elefantes la presencia de los machos es requerida para decantar la balanza de su lado.

La importancia del territorio es capital para los leones (como para cualquier felino). Este se hereda de generación en generación de leonas, ya que los machos vienen y van y no establecen dinastías ya que o perecen en luchas o son obligados a marcharse por machos más jóvenes. Por lo general los machos jóvenes suelen dejar una manada cuando tiene entre 2 y 4 años. Esto evita la endogamia con los miembros del grupo. Es por ello por lo que cuanto más hermanos y primos hayan en una manada, mayores posibilidades de éxito tendrán en el futuro para tomar una manada a la hora de abandonar el grupo. Normalmente las coaliciones más numerosas son las que suelen engendrar más crías y, por tanto, ostentar manadas de mayor tamaño. Si por la razón que fuera llegado el momento un macho joven abandonase la manada solo al no tener otros machos en el grupo, muy posiblemente se asociará con algún otro macho solitario a fin de aunar fuerzas de cara a los futuros desafíos. Por lo general, cuando los jóvenes machos abandonan la manada, bien por voluntad propia o bien por que son expulsados por los machos más grandes, suelen tardar una media de entre 4 y 5 años en apropiarse de una nueva manada. No siempre la violencia es necesaria para tomar el control de una manada. En ocasiones si los machos nómadas son más numerosos o más fuertes puede ser que la batalla por el control de las hembras nunca tenga lugar ya que es preferible abandonar a perder la vida en el intento. Si las fuerzas están igualadas, la confrontación será inevitable. Rara vez los combates por el territorio son peleas a muerte, ya que los vencidos suelen optar por la retirada aunque con heridas importantes. Si los vencedores fuesen una coalición de machos ajena a la manada lo primero que harán será matar a los cachorros si los hubiere. El infanticidio es común en los leones. Las razones principales que llevan a los machos recién llegados a matar a las criás son básicamente dos: por un lado si los cachorros mueren, las hembras entrarán en celo a las pocas semanas y por otro, así se aseguran de engendrar sus genes en la futura camada. Para los leones vencidos, si estos fuesen los nómadas, lo normal es que intenten de nuevo tomar la manada al poco tiempo, siempre y cuando no hayan sufrido bajas; si los vencidos resultan los machos residentes, el destierro hasta el fin de sus días es su destino en le mejor de los casos, cuando no la muerte. Tres cuartas partes de los leones machos mueren de forma violenta, ya sea a mansos de otros leones o bien por la caza furtiva, la caza deportiva o por los ganaderos. Dado que la vida reproductiva de los machos es bastante menor que la de las hembras, estos se ven presionados a hacerse con el control de una manada tan pronto como sea posible. Por norma general, apenas el 10% de los leones machos vive más de 12 años en libertad, mientras que las hembras pueden superar los 15 años pudiéndose reproducir durante la mayor parte de sus vidas. Es en parte debido a ello lo que hace que la respuesta de los machos ante una intrusión rival sea inminente ya que el futuro de sus descendencia está en juego. Por lo general, cuando un grupo de machos nómadas toma una manada, suele ser un acontecimiento dramático donde rara vez la violencia está ausente. El dominio de las coaliciones más exitosas suele ser de tres a seis años

Siempre se a descrito a los leones como animales vagos y perezosos dado que pasan la mayor parte del día dormitando bajo la sombra. Es cierto que pasan unas 16 horas al día echados, pero es que realmente se trata de animales nocturnos. Al caer la noche, es cuando los machos patrullan su territorio y cuando tienen lugar la mayor parte de sus cacerías ya que a plena luz del día el calor en muchas partes de África puede ser sofocante. Además gracias a su excelente visión nocturna, por la noche gozan de cierta ventaja respecto a sus presas. Los ojos de los leones, como los de todos los grandes felinos, están perfectamente adaptados a la oscuridad gracias a que sus pupilas están más abiertas en proporción a su retina donde se haya localizada una capa de células fotosensibles en la parte posterior del ojo. Además cuentan con una capa adicional de células detrás de la retina llamada “tapetum lucidum” que otorga a la retina una segunda oportunidad de captar la luz y llevar la información al cerebro. Su visión en la oscuridad es seis veces superior a la nuestra. Esta ventaja aunado a que los leones cuentan con muy pocas glándulas sudoríparas, hacen que cazar de noche sea una ventaja.

Cada león es único. El temperamento y carácter de cada individuo es diferente a los demás, y en buena medida suele estar condicionado por su condición genética. Esto hace que algunos leones sean más grandes que otros, más irascibles o más dados a la caza que otros de sus congéneres. El tamaño de la melena o el color de la misma es un factor que ciertamente otorga cierta ventaja a unos individuos sobre otros. Generalmente los machos con melenas grandes y oscuras suelen tener más éxito a la hora de reproducirse que aquellos machos con melenas menos pobladas. Una forma que tienen los leones de disuadir a los rivales es erguirse mostrando su melena para impresionar al rival. Una melena poblada y grande, transmite sensación de poder y madurez. También se ha demostrado que las hembras suelen preferir como pareja a machos con melenas vistosas ya que es señal de buenos genes y buena salud. Las melenas también tiene una función defensiva, sobretodo a la hora de combatir con otros machos por el territorio y evitar así graves heridas.

Las repercusiones de la toma de una manada pueden ser devastadoras para las leonas y, sobretodo, para los cachorros. Las leonas son mucho menores en tamaño que los machos y, por consiguiente, menos fuertes, pero más ágiles y decididas. No dudarán en atacar a un macho para defender a sus cachorros. Se han dado casos de leones machos muertos a manos de leonas. Por lo general, si los machos se ven sorprendidos por las leonas, si estas los superan en número preferirán huir a la confrontación. Un leona con cachorros puede resultar muy peligrosa. En lugares como el Mara o el Serengeti, al ser lugares dominados por las planicies abiertas, los machos suelen pasar más tiempo junto a la manada que en otras zonas más boscosas como el Kruger o Chobe por ejemplo ya que al ser terrenos más arbolados requieren de más patrullas para evitar incursiones rivales.

Tras los cocodrilos del Nilo, los leones son los mayores carnívoros de África. Cualquier animal puede ser presa del felino. Entre su amplia dieta se encuentran cebras, ñus, impalas, antílopes, topis, kudus, oryx, jirafas, facoceros o incluso animales tan poderosos como los búfalos, hipopótamos o hasta elefantes. Dependiendo mucho de la zona en la que se encuentran así como del tamaño de la manada, los leones tendrán predilección por un tipo de presas u otros. En este sentido, en el ecosistema Serengeti-Mara el 80% de la dieta de los leones está constituida por ñus y cebras debido a que las población de estos animales es bastante grande. En algunas regiones de Bostwana como el Delta del Okavango o el Parque Nacional de Chobe, los leones se han especializado en abatir presas como búfalos o incluso elefantes. En Chobe debido al gran número de paquidermos y al gran número de individuos que conforman las manadas de leones, han hecho que los elefantes sean una de sus presas preferidas registrándose casos de manadas que han llegado a abatir hasta dos paquidermos al mes.

Por lo general, son las hembras las que suelen llevar a cabo las cacerías, pero cuando las presas son de gran tamaño la fuerza de los machos es vital para desequilibrar la balanza del lado de los felinos. Abatir a una jirafa o a un búfalo no es tarea fácil incluso con los machos de por medio. Las patadas de una jirafa puede romper la columna de un león fácilmente y los búfalos con su tres cuartos de tonelada son enemigos formidables, además están equipados con una poderosa cornamenta capaz de hacer volar por los aires a los felinos. Búfalos y leones son enemigos eternos. Los leones matan búfalos y estos siempre que pueden matarán leones. Para evitar los peligrosos cuernos del bóvido, los leones atacarán al animal por detrás, por donde es más débil y accesible. Atacarán una y otra vez hasta debilitar al animal. El golpe de gracia suele ser dado por un macho que tiene la fuerza necesaria para doblegar a la bestia. Normalmente, el león buscará el hocico del búfalo para clavarle las poderosas mandíbulas hasta asfixiarlo. La cooperación a la hora de abatir grandes presas es fundamental. No son pocos lo cazos de leones heridos o muertos por no saber trabajar bien en equipo a la hora de abatir presas de tamaño considerable. Y un león muerto puede marcar el futuro de la manada. El león es el único de los grandes felinos que caza en grupo aumentando así las posibilidades de éxito. Sin esta cooperación, difícilmente podrían abatir a grandes presas. Los leones son capaces de engullir hasta un cuarto de su peso corporal de una sentada y pueden aguantar varios días sin comer, aunque lo más normal es que cacen cada pocos días. Al contrario de lo que mucha gente piensa, los leones no son unos cazadores natos ya que siempre que puedan robarán sus presas a las hienas, leopardos o guepardos, por lo que su fauna de oportunistas la tienen bien merecida. Son cazadores versátiles, ya que a pesar de su gran tamaño no harán ascuas a presas como liebres, pequeños antílopes o pequeños reptiles. Sin embargo, no son unos cazadores eficaces. Estudios realizados sobre las maneras de cazar de los leones en el Serengeti, han demostrado que las leonas cuando cazan en grupo tienen un porcentaje de éxito mayor (30%) que cuando cazan solas (15%). En este sentido, depredadores como los leopardos o los guepardos son más eficaces. El método más utilizado por los leones a la hora de cazar es la emboscada en donde cada individuo tiene bien claro el papel que ha de desempeñar. Cada león requiere de un mínimo de 20 presas de tamaño medio al año para sobrevivir, aunque esto estará vinculado una vez más al tamaño de la manada y a abundancia de presas en el territorio. A la hora de comer, la cooperación que momentos antes llevaron a cabo para abatir a la presa desaparece por completo. Los machos, independientemente de si han formado parte de la cacería, reclamarán para sí mismo la totalidad de la pieza. En ocasiones dejarán que los cachorros coman al mismo tiempo relegando a las hembras a un segundo plano. Entre las leonas no hay jerarquías, cada una independientemente de su rango, tamaño o edad se hará un hueco alrededor de la presa a base de gruñidos, mordiscos y zarpazos. Solamente cuando la pieza es de gran tamaño, una jirafa o un búfalo, podrán comer todos juntos sin estorbarse. Si la presa es pequeña como un facocero o un impala, lo normal es que se produzcan enfrentamientos por la comida.

En líneas generales, la gran mayoría de las presas de los leones son al menos tan rápidos como estos sino más. Los leones pueden alcanzar velocidades de cerca de 80 kms/hr, pero si no alcanzan a su presa en los primeros cientos de metros fracasarán en el intento ya que no pueden mantener esa velocidad mucho tiempo, por ello la estrategia de la emboscada resulta más práctica y eficaz. Esto se debe a que el corazón de un león apenas supone el 0,10% del peso total del animal con lo que no bombea la suficiente sangre. Por contra, depredadores como las hienas poseen un corazón mucho mayor en proporción (hasta un 10% del peso total), esto hace que las hienas puedan mantener velocidades constantes durante más tiempo y debido a ello son corredoras incansables que agotan a sus presas antes de devorarlas.

En la naturaleza, los leones carecen prácticamente de enemigos, pero si hay algún animal que pueda representar una amenaza para los felinos, son las hienas. Normalmente allá donde hay leones suele haber hienas y, por lo general, estas suelen superar en número a los felinos. Hienas y leones son enemigos acérrimos. Los leones matarán hienas siempre que puedan para eliminar competencia, y las hienas harán lo propio con los felinos por la misma razón siempre que estas superen claramente en número a los leones. Por lo general, para equilibrar las fuerzas en caso de enfrentamiento entre estos dos superdepredadores hace falta un mínimo de 4 hienas por cada leona, pero la presencia de un macho basta con decantar la balanza del lado de los felinos. Otro animal que puede suponer una seria amenaza para los felinos son los búfalos. Estas bestias de casi 700 kgs suponen todo un desafío para los leones. Los felinos a la hora de batir búfalos han de tener muchísimo cuidado de no caer víctimas de la cornamenta del bóvida que es capaz de infringir heridas mortales a los felinos. Las batallas entre búfalos y leones son épicas, pues los búfalos son animales difíciles de abatir y además nunca dejan sólo a un compañero herido; ya puede estar tumbado rodeado de leones intentando dar el golpe de gracia que el rebaño acudirá en defensa del compañero herido. En pocas palabras, el único animal que puede, y de hecho lo hace, amenazar a este majestuosos animal es el hombre. Durante siglos a sido cazado y venerado, pero hoy su situación es complicada. Quedan entre 30000 y 40000 ejemplares en África, y de nosotros depende que este animal, poderoso y guerrero, pueda seguir dominando las planicies y sabanas en el futuro.

 

 

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