Nadie sabe a ciencia cierta cuantos leones quedan en África, pero se estima que la población de estos felinos oscila entre 35000-40000 ejemplares, concentrándose la gran mayoría de estos felinos en África del este (unos 18000 ejemplares) y el sur de África (unos 23000 ejemplares) y, en menor medida, en África central (3000 ejemplares aprox.) y en África occidental (1000 ejemplares aprox.). En India, sobreviven unos 350 ejemplares de león asiático en el Bosque de Gir en el estado de Gujarat. Según el CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora silvestres) la situación de los leones es de grado vulnerable. Actualmente, los países africanos en donde todavía habitan leones son Angola, Benin, Bostwana, Burkina Faso, Camerún, República Centro africana, Chad, República Democrática del Congo, costa de Marfil, Etiopía, Ghana, Guinea, Guinea Bissau, Kenia, Malawi, Mali, Mozambique, Namibia, Níger, Nigeria, Rwanda, Senegal, Somalia, Sudáfrica, Sudán del sur, Swazilandia, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabwe, además de la India en Asia. Dentro de estos países las mayores concentraciones se localizan en Kenia, Tanzania, Bostwana y Sudáfrica. Si vamos parque a parque o reserva por reserva, existen muchos de ellos que nos darán la posibilidad de avistar leones, pero siempre hay algunos que aumentarán las garantías de avistarlos. Sin duda, el Masai Mara con cerca de 850 ejemplares a pesar de su reducido tamaño es el lugar ideal para observar felinos ya que probablemente cuente con la mayor densidad de leones por km2 del continente. Tras el Mara se encuentran el Serengeti tanzano con unos 2300 ejemplares, el Lago Manyara, también en Tanzania, con una importante densidad de leones a pesar lo su pequeña extensión; la reserva tanzana de Selous, con seguridad el lugar de África con mayor cantidad de estos felinos con cerca de 4000 ejemplares; el Kruger sudafricano con una población estipulada de unos 2000 individuos. También en Sudáfrica las reservas privadas de Sabi Sabi y Mala Mala cuentan con poblaciones importantes de leones. En Bostwana podemos encontrar tres puntos de importante concentración de estos magníficos felinos, por un lado tenemos el Delta del Okavango y el parque de Chobe al norte del país, y por otro, el desierto del Kalahari. Bostwana tiene fama de contar con las manadas de leones más numerosas de África así como con los ejemplares de mayor tamaño, quizás tenga bastante que ver el hecho de que tanto en el Okavango como en Chobe estos felinos se han especializado en cazar animales de gran tamaño como búfalos y elefantes que constituyen parte importante de sus dietas. El cráter del Ngorongoro en Tanzania y el sur de Luangwa en Zambia constituyen otros de los mejores lugares para su observación.

Teniendo en cuenta que en el continente africano casi un 50% de la población sobrevive con menos de 1$ al día, es difícil pensar que el futuro inmediato para los leones sea muy halagüeño. Cada día la población humana crece y los campos de cultivos se extienden entrando en conflicto con las zonas protegidas donde habitan los leones. Mucha de la población se debe al campo y al pastoreo con lo que las cabezas de ganado constituyen prácticamente el único recurso de valor para pastores y ganaderos. Cada vez que un león ataca a una res, es una pérdida importantísima para la persona, una pérdida que por norma general nadie va a compensar, por lo que la venganza de ganaderos y pastores contra el felino está servida. Si queremos asegurar la supervivencia de los felinos, deberemos ser capaces de encontrar una fórmula que compense estas pérdidas a los pastores, una fórmula en la que hombres y felinos puedan convivir en armonía, sino el destino del león estará sellado. Hoy en día los conflictos entre leones y ganaderos son continuos, en el Masai Mara por ejemplo, cada vez que un felino se cobra la vida de una vaca, los masais no van a esperar que nadie compense tal pérdida; se tomarán la justicia por su mano y matarán al animal. Es una situación que se da por todo el continente desde Sudáfrica hasta Uganda y no sólo con los leones, leopardos y guepardos también son abatidos cuando el ganado es su objetivo. Con el tiempo, cada vez más las zonas protegidas se ven limitados por la creciente explosión demográfica, con lo que muchas veces el impacto en la fauna es brutal y los leones han de buscarse el alimento fuera de las zonas protegidas y es aquí cuando entran en conflicto con el hombre.

Históricamente, los leones se extendían por toda África, Asia y Europa. Los primeros registros de leones proceden del África occidental de hace unos 750 mil años. Desde entonces se fueron expandiendo hacia el norte, por Europa y Asia. El león e las cavernas (Panthera spelaea) tenía una enorme amplitud y prueba de ello es que sus restos han sido encontrados en cuevas de muchos puntos de Europa. Poseían un tamaño un 25% mayor que el de los leones actuales. Estos leones coincidieron con otra especie que deambulaba por el continente americano, el león de hielo (Panthera atrox). Este sobrevivió en América del Norte hasta hace unos 11600 años. Hasta hace apenas 10000 años, los leones vagaban por toda Europa y Asia. Los últimos leones de las cavernas desaparecieron en Europa entre los 340 a.C y 100 d.C, pero el león asiático (Panthera leo persica) perduró en algunos lugares: en Palestina hasta las cruzadas, en Siria e Irak hasta principios del s.XX y en Irán hasta la década de los 40. Hoy en día, como dijimos antes, tan sólo sobreviven unos 350 ejemplares en la India en el Bosque de Gir, en el estado de Gujarat en un territorio de poco más de 5000 kms2. A principios del s.XX se extinguió el león del Cabo de melena negra (Panthera leo melanochaita) y en la década de los años 30 desaparecieron en las montañas del Atlas de Marruecos los últimos ejemplares de león de Berbería (Panthera leo leo).

Pero no todo eran tintes dramáticos ya que por esas fechas se fueron constituyendo los primeros parques y reservas con verdadera vocación protectora. Muchos gobiernos empezaron a concienciarse de que la fauna estaba sufriendo un descenso muy importante. Años y años de caza deportiva y furtiva estaban mermando las especies africanas, en especial la población de felinos. Durante años, a los depredadores se les veía con suspicacia ya que pensaban que diezmarían la población de herbívoros y serían una amenaza para el ganado, lo cual no dejaba de resultar irónico pues el hombre durante décadas había casi llevado al exterminio a animales como los rinocerontes y elefantes por citar algunos. Sin ir más lejos entre 1900 y 1927 casi 20000 depredadores en las reservas colindantes al Kruger, de los cuales unos 1275 fueron leones. Pero gracias a la labor de algunos conservacionistas las cosas empezaron a cambiar. En 1926 se creó el primer parque nacional de África, el del Kruger y poco a poco muchos otros países fueron haciendo lo propio. Cuando los parques se fueron abriendo al público, las armas dejaron paso a las cámaras fotográficas y de video y pronto se dejó patente de que entre todos los animales los que mayor admiración y curiosidad despertaban entre el público eran los leones. Desgraciadamente no todo cambió de repente, a partir de 1925 el Serengeti se convirtió en el destino ideal para cazadores de trofeos ávidos de matar grandes presas. Esta mala praxis duró hasta 1937, fecha en la que la caza se detuvo, pero el daño ya estaba hecho.

Hoy en día, si bien es cierto que la caza deportiva desgraciadamente no ha finalizado, las balas han sido sustituidas por cámaras de fotografía y video y la inmensa mayoría de los turistas que visitan África lo hacen para disfrutar de su fauna. En países como Zimbabwe, Namibia o Sudáfrica todavía se sigue permitiendo la caza deportiva aunque controlada. En Kenia, aunque existe prohibición de matar leones, esta es una práctica que aún hoy sigue vigente entre los masais. Por lo que la lucha por abolir la caza de leones cualquiera que se su índole aún sigue.

Actualmente la principal amenaza par el león es el ser humano. Sin prácticamente enemigos naturales, el hombre sigue siendo el principal escollo para el futuro de estos felinos. Con un mundo super poblado y en constante crecimiento, el espacio resultante para la preservación de la fauna cada vez se ve más limitado, además la demanda creciente de tierras para el cultivo y la cría de ganado está poco a poco comiendo espacio a los últimos reductos de vida salvaje. Tanto la caza furtiva como la caza deportiva sigue siendo un problema grave a atajar. Durante siglos la caza deportiva diezmó la población de felinos. La caza furtiva es un problema serio que aún hoy azota muchas tierras de África.

Es imprescindible encontrar la fórmula para que los lugareños, ganaderos y pastores no vean a los leones como una amenaza. Los leones, de alguna forma, son una herramienta de la naturaleza para equilibrar la fauna y mantener a raya el crecimiento de herbívoros como los ñus, cebras o búfalos ya que darán buena cuenta de aquellos ejemplares débiles, viejos o enfermos. La pérdida de una cabeza de ganado significa muchísimo para un pastor, por lo que si no ven compensación algunas por parte de las autoridades gubernamentales aplicarán la ley del Talión, y en esas, los felinos tendrán todas las de perder. Pero es lógico pensar que si todo el mundo (parques, gobierno, compañías de safaris,...) se beneficia de las divisas que generan los safaris, también los lugareños saquen beneficios de todo ello. Por ello, una solución sería la de crear un Fondo Común para todos los damnificados de la fauna salvaje, desde campesinos que pierden sus cosechas a manos de los elefantes hasta ganaderos que pierden su cabezas de ganado a manos de los depredadores. Los fondos de este Fondo Común irían destinados a compensar estas perdidas y evitar así que los lugareños se tomasen la justicia por su mano. Una buena forma de abastecer este Fondo Común sería destinando parte de los ingresos que los parques y reservas obtienen de los turistas. Algunas países como Kenia a través del Departamento de Vida Salvaje a llevado a cabo una iniciativa similar. Esta sería una buena forma de que los lugareños viesen que las pérdidas generadas por los animales salvajes serán paliadas de alguna forma y no habría necesidad de salir en busca de los animales culpables para abatirlos. Ya que esa ni mucho menos sería la solución, porque tarde o temprano otra res caería u otro campo de cultivo sería arrasado. Una cosa está clara, no podremos salvar a los leones sino concienciamos a las comunidades locales de la importancia que la vida salvaje tiene. Los esfuerzos por preservar la fauna de ninguna manera pueden permitirse el privilegio de obviar a la gente local.

Hace poco menos de un siglo el número de leones que vagaban por África se cifraba en 100 mil ejemplares. Hoy a duras penas llega a una tercera parte. Tan sólo quedan 5 lugares donde su población supere los 1500 individuos (Kruger, ecosistema Serengeti-Mara, Selous, el norte de Bostwana y Kafue). Sin duda, hay esperanzas. En un país tan poblado como la India donde la necesidad de tierras es importante la población de leones ha pasado en pocos años de 100 ejemplares a los cerca de 350 a día de hoy. En Amur, en Siberia, la población de tigres en la década de los 40 se cifraba en menos de medio centenar; hoy en día se acerca a unos 500 ejemplares. En los tiempos que corren, cazar leones por deporte es un anacronismo y un sin sentido (si es que alguna vez lo tuvo). Matar animales por puro placer es algo que no me cabe en la cabeza. Matar leones sin importar las consecuencias de estos actos y las repercusiones para el ecosistema es de necios. Siempre se justifica su caza alegando que hay que controlar la población, la misma población que está en declive desde hace años y que el CITES a catalogado como vulnerable. Jamás he podido comprender que se puedan pagar cantidades ingentes de dinero por ver la cabeza de un león colgada en el salón de su casa o en una oficina. Antaño quizás podría despertar admiración, pero hoy sólo repulsa y lástima. Muchos gobiernos debido a sus grandes problemas económicos (en África hay muchos, véase Zimbabwe) son permisivos con estas prácticas. Muchas reservas privadas atraen a gente adinerada sólo para ejercer la caza mayor. Cada animal tiene un precio. 

Sinceramente la idea a asesinar a un león o un leopardo tan sólo para lucirlo como trofeo es indefendible con argumento alguno. Uno puede entender, no compartir, que un masai, para el cual el ganado lo es todo, ajusticie a un león si a devorado una res y no recibe compensación alguna por tal pérdida. Pero, pagar por asesinar a un león no tiene justificación. No hay nada de heroico en esta acción. Los leones muchas veces se muestran impasivos ante la presencia humana ya que se acostumbran rápidamente a los turistas y, por lo tanto, no tienden a huir como harían otros animales. Disparar a un animal que ni siquiera se está defendiendo es un acto cobarde y mezquino. Los leones pasan muchas horas dormitando durante el día, si se les sorprende rara vez atacan al hombre si no hay cachorros de por medio. Tan sólo el 10% de la población de leones son machos adultos, con lo que la pérdida de un sólo ejemplar puede suponer el fin de un ciclo o sellar el destino de una manada. Pero las ansias del ser humano de dominar a todo ser viviente y sentirse superior siempre a existido. Por suerte es una práctica, que cada vez tiene menos adeptos en África.

Como dijo George Schaller: “ Todo cazador que sienta la necesidad de probarse a sí mismo aniquilando a un león, que querría ver su nombre inserto en la columna de obituarios de un libro de trofeos, debería ser capaz de contemplar un rato a su futura víctima. Con suerte, llegará un momento en el que embargado por un sentimiento de humanidad ya no pueda matar más por mero placer”.

Se me hace difícil imaginar un día las sabanas africanas sin leones. Solo en la voluntad del hombre se halla la clave para asegurar el futuro a este hermoso animal, el emblema de todo un continente.

 

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