El leopardo (Panthera pardus) es el segundo mayor felino de África tras el león ( Panthera leo), y el cuarto del mundo tras el tigre (Panthera tigris) y el jaguar (Panthera onca). Los leopardos poseen una desarrollada musculatura en la parte superior del tronco y cuentan con unos poderosos caninos afilados como dagas de hasta 5 cms. Como en el resto de los felinos, los machos son claramente más grandes que las hembras ya que llegan hasta los 2,10 mts de longitud con una cola que rebasa el metro y la altura en la cruz oscila entre los 70-80 cms. Pueden llegar a pesar hasta 90 kgs, mientras que las hembras rara vez superan los 60 kgrs.

Los leopardos son animales provistos de una gran elegancia y una tremenda agilidad. Un sin fin de calificativos han sido utilizados para definir a este majestuoso felino, “los señores de la noche”, “los cazadores de lo oculto”,... sin lugar a dudas estamos hablando de los felinos más escurridizos del planeta y gracias a este comportamiento camaleónico y a su naturaleza reservada han conseguido ser hoy en día los felinos más numerosos, aunque no por ello resulta fácil su avistamiento, de hecho, su carácter introvertido y naturaleza solitaria hacen que su observación resulte complicada.

El leopardo es el felino más adaptable de todos y, por consiguiente, el que se haya más extendido en las diferentes áreas. Posee una gran capacidad para repoblar zonas o regiones de las que ha desaparecido en el pasado, en especial si el número de depredadores es bajo y si su principal enemigo, el ser humano, le deja en paz. Aunque son capaces de adaptarse a cualquier entorno o hábitat, los leopardos prefieren regiones arboladas con elevadas precipitaciones (>2000 mm). En estos hábitats es donde se hayan localizadas las mayores concentraciones de estos felinos. En hábitats secos como es el del Kalahari en Bostwana o en Tsavo en Kenia suelen ser principalmente activos en la noche debido al sofocante calor. La gran adaptabilidad del leopardo ha supuesto que la variedad de presas de las que se alimenta sea bastante amplia, así en el África subsahariana se han registrado más de 90 especies diferentes que son cazadas por ellos. Nada es demasiado pequeño ni demasiado grande para un leopardo. Puede alimentarse de roedores como ardillas, ratas del desierto, damanes, como de huevos de aves, aves o ,incluso, escarabajos si hace falta. Se han visto leopardos atacar a presas tan grande como elands (+ 900 kgs), aunque en la mayor parte de reservas y parques de África sus presas preferidas están constituidas en un alto porcentaje por gacelas e impalas.

Los primeros restos de leopardos se remontan hasta hace 1,5 o 2 millones de años. Se han encontrado restos de estos felinos en el Pleistoceno en Europa, India, Oriente Medio y, por supuesto, en África. En aquel entonces eran muy similares en tamaño a los leopardos de hoy en día, exceptuando las especies de Java y Palestina que eran algo mayores. En Europa apareció hace casi 1 millón de años en el sur de Francia, aunque el lugar donde mejor se haya representado es en Equi (Italia). En África, en Laetoli (Tanzania) fueron encontrados los primeros restos de leopardo datados de hace 2 millones de años. Existen pruebas de que en aquel entonces los leopardos cazaban tanto homínidos como simios.

A día de hoy, existen muchas subespecies de leopardos y estos se hayan prácticamente presentes en todos los hábitats exceptuando el continente africano, Oceanía, Europa occidental y los polos. Se han catalogado hasta 19 subespecies de leopardos y todas difieren unas de otras pero en todas los machos son claramente más grandes que las hembras; así mientras que al leopardo de Sri Lanka (Panthera pardus kotiya) se le considera el leopardo de mayor tamaño de todos, al leopardo de la República Democrática del Congo (Panthera pardus ituriensis) se le considera el de menor tamaño. Seguramente la alimentación juegue un papel determinante en el tamaño final de cada subespecie. Actualmente, se considera que los leopardos se hayan encuadrados en seis grupos atendiendo a diversos estudios moleculares: el africano, el indio, el de Sri Lanka, el de Java, el centro-asiático y el asiático oriental. En África existen 12 subespecies catalogadas todas ellas como Panthera pardus pardus, mientras que en Asia se localizan otras 8 que son el leopardo persa (Panthera pardus saxicolor), el leopardo árabe (Panthera pardus nimr) que en muchas ocasiones se incluye dentro del leopardo persa, el leopardo de Sri Lanka (Panthera pardus kotiya), el leopardo de Java (Panthera pardus melas), el leopardo de Indochina (Panthera pardus delacouri), el leopardo del norte de China (Panthera pardus japonensis), el leopardo indio (Panthera pardus fusca) y el leopardo del Amur (Panthera pardus orientalis).

Falsamente se ha atribuido a los leopardos negros dentro de otra subespecie diferente de leopardos, llamándoles erróneamente panteras negras. Obviamente las paneras negras como tal definición no existen. Se trata de leopardos melánicos cuyo color negro se debe a un exceso de melanina en la piel causado por un gen recesivo. Lo mismo ocurre con los jaguares en Centroamérica y Sudamérica. De hecho si nos acercamos lo suficiente al felino veremos como el patrón de rosetas se mantiene tras su pelaje como en cualquier otro leopardo. Los leopardos negros son muy raros en África, en ocasiones han sido vistos algún que otro ejemplar en los Aberdares, el Monte Kenia o en la República Democrática del Congo, incluso en el Masai Mara se ha visto alguno. Por lo general, estos leopardos suelen ser más propios de Asia y de las selvas malayas en particular donde se cree que hasta el 50% de la población pueden ser melánicos.

A los leopardos, los depredadores de la noche por antonomasia, poseen un pelaje que no es fruto del azar, sino que es el resultado de cientos de miles de años de evolución que han permitido a este implacable depredador fusionarse con el entorno sin ser visto; y, clero está, le ha ido bien ya que aquel leopardo que se deje ver se arriesgará a tener algún encuentro no deseado con hienas o leones o peor aún, asesinado por un cazador de trofeos sin escrúpulos. Es por ello, por lo que estos felinos sin tan difíciles de avistar y serán vistos cuando deseen ser vistos. Entre todos los safaris que he realizado por África, jamás he conseguido observar de cerca un leopardo; así como he vistos multitud de leones y hienas, y en menor medida, guepardos, los leopardos aún hoy se me han resistido y creo que en el fondo me alegro. Saber que este depredador merodea por ahí sin que nadie lo vea, lo hace menos frágil a tener enfrentamientos con humanos casi siempre con desastrosas consecuencias para el animal. Las dos únicas veces que puede observar la silueta de este felino fueron en el Parque Nacional Queen Elizabeth, donde ni siquiera con los prismáticos pude disfrutar bien del animal que descansaba en un árbol y la otra en el Masai Mara, pero la cola de Land Rovers era tal que renunciamos a hostigar al felino con tanto turista y nos marchamos. Sin lugar a dudas, de los llamados ´5 grandes´ el leopardo es con mucho el más difícil de avistar; su carácter esquivo y reservado lo hacen muy complicado de localizar, incluso para rangers experimentados.

A pesar de su tamaño, mucho menores que leones y tigres, los leopardos son criaturas poderosas. Cuentan con un cráneo muy fuerte así como músculos muy desarrollados los que les permite subir a las ramas de los árboles a animales muchos más pesados que ellos. La principal diferencia entre machos y hembras está en el tamaño, bastante menor en las hembras. De entre todos los felinos incluidos en el género Panthera, los leopardos y los jaguares son los más parecidos entre sí, aunque estos últimos son algo mayores. El rugido que ambos felinos emiten, algo parecido a una carraspera, es muy parecido y el patrón de rosetas no difiere mucho, aunque las del leopardo son más pequeñas y abundantes que su primo americano. Hay pocos cosas que un leopardo hambriento no considere como una potencial comida. Si bien es cierto que en la gran mayoría de parques y reservas los impalas y las gacelas son sus presas favoritas (en África claro está), también se incluyen en su menú presas como antílopes, damanes, facoceros, liebres, ardillas, babuinos, vervet, serpientes, aves e incluso insectos; tampoco animales del tamaño de los ñus, topis, cebras de tamaño mediano, e incluso, chacales, servales o caracales están a salvo de la dieta del felino.

Por lo general, los leopardos prefieren bosques ribereños y hábitats densos en árboles. Se ha comprobado que a estos depredadores les es más fácil cazar en regiones con vegetación frondosa que no en aquellos con escasez. Gracias a los avances en la telemetría, se a logrado muchísima y valiosa información sobre el modo de vida de estos esquivos felinos. Algunos de los pioneros en el estudio de los leopardos como Ted Bailey, pudo comprobar como en el Parque Nacional Kruger el modo de vida de los leopardos estaba fuertemente condicionado por los límites territoriales, la disposición de presas así como el nivel de competencia por parte de otros depredadores. Gracias a dichos estudios, hoy sabemos que la extensión de un territorio varía en función de la disponibilidad de presas en su interior así como del número de otros depredadores en el área. Tanto los machos como las hembras marcan su territorio rociando con orina arbustos, árboles o afloramiento rocosos con la cola bien alta a fin de que el olor se impregne lo suficiente para que su mensaje sea captado. El rociar con orina los límites de un territorio es además una forma de comunicación al igual que la emisión de sonidos, en ocasiones mucho más eficaz puesto que los olores pueden perdurar varias semanas e incluso meses. Los llamados que emiten, si bien no son tan poderosos como el de los leones, son audibles a más de 1 kilómetro de distancia. Los machos suelen emitir estos sonidos sobretodo por las noches una vez habiendo delimitado los límites de su territorio para evitar la presencia de otros machos. Las hembras también suelen acudir a llamados sobretodo a partir de los dos años para atraer a los machos para iniciar el proceso de apareamiento.

Normalmente la extensión de un territorio por parte de un macho adulto oscila entre los 20 y 75 kms2, siendo por lo general, mucho más amplio que el territorio que abarcan las hembras, pero en lugares donde las presas escasean pueden llegar a tener un tamaño cinco veces mayor. Los machos pueden llegar a ser muy agresivos si se topan con otros machos en los lindes de su territorio, aunque en ocasiones estos permiten solaparse con los territorios de las hembras siempre y cuando la disposición de presas lo permita. Los leopardos son felinos muy agresivos, mucho más que leones o guepardos. Un leopardo acorralado o sorprendido puede resultar mucho más impredecible y peligroso que un león ya que atacará sin titubeos. Con la excepción del ser humano que es su principal amenaza, los principales enemigos de los leopardos son los leones y las hienas que compiten además de por presas similares por el territorio. Los cocodrilos son animales formidables que sin duda matarán leopardos si los cogen por sorpresa en las orillas de los ríos, pero no es algo muy común. El babuino es un enemigo potencial ya que si bien un babuino solitario tiene muy pocas opciones de plantar cara al felino, en grupo pueden constituir una verdadera amenaza, de hecho muchos leopardos pierden parte de sus colas a manos de estos monos y se han dado casos de ejemplaras matados por babuinos. Las hienas son un competidor feroz, disponen de una mandíbula a prueba de todo, y siempre que puedan hostigarán al felino para robarle la presa. Son animales muy pacientes y aguardarán a que el leopardos cometa un error para aprovechar su oportunidad. Salvo que superen en número al felino (cosa que suele ser lo habitual) no son un peligro para su integridad. Se requiere al menos de dos hienas para hacer huir al leopardo, ya que en proporción de uno a uno el leopardo plantá cara a la hiena hasta tal punto de hacerla huir. Se han dado casos de leopardos que han matado hienas y las han subido a un árbol para devorarlas. Los guepardos no suponen una amenaza real para los leopardos, salvo para las crías. En algunos lugares de África se han documentados casos de leopardos que han matado incluso a guepardos y cocodrilos de tamaño medio. Pero sin duda, la mayor amenaza la constituyen los leones, ya que no solo lo son para las crías sino también para los adultos. Los mayores felinos de África matarán a todo leopardo que tengan la oportunidad para eliminar competencia.

De los grandes felinos africanos, los leopardos son los únicos que dominan el arte de trepar a los árboles, ya que media vida se la pasan en las alturas, duermen en los árboles y comen en los árboles. Así como los leones han sido bendecidos con la fuerza bruta, los guepardos con la velocidad, las hienas (aunque no son felinos) con unas mandíbulas poderosas, los leopardos se han aprovechado de unas cualidades innatas para dominar las alturas. Gracias a sus poderosas patas traseras y la fuerza de su desarrollado cuello son capaces de subir a los árboles a animales mucho más pesados que ellos. El poner las presas a varios metros de altura evita que depredadores como las hienas o los leones se aprovechen de sus matanzas. Los leones (las hembras) son capaces de trepar a los árboles, pero a apenas unos metros de altura ya que son muy pesados; los leopardos sin embargo, se mueven en las alturas como pez en el agua, son capaces de cazar incluso menos en las copas de los árboles. De los tres grandes felinos africanos, los leopardos, asesinos silenciosos, son los que poseen una técnica de caza más depurada ya que abaten a sus presas desde el sigilo. Rara vez llaman la atención. Este felino está hecho para el acecho. La noche es suya. Cuando un leopardo mata, nadie se da cuenta de que ha estado allí hasta que ya es tarde. ¨La muerte que llega en la noche y se va” lo llaman en algunos puntos de África. La única prueba que deja tras de sí es el cadáver de una presa medio devorado en lo alto de una rama en señal de que estuvo allí pero nadie lo vio. El camuflaje y la paciencia son armas que este felino domina como ningún otro, pudiendo permanecer inmóvil asechando a su futura víctima más de una hora hasta que se le presenta la ocasión. Cuando es visible, es una criatura que llama poderosamente la atención si es descubierta, chacales, babuinos, ardillas e incluso aves no dudarán en poner en alerta al resto si el felino moteado es localizado merodeando por la zona. Rara vez un leopardo ataca a su víctima desde las ramas de los árboles, estas más bien suelen actuar como de plataforma para otear el horizonte, pero a la hora de la verdad tienen muchas más opciones de éxito atacando desde el suelo agazapados hasta que la distancia es lo suficientemente corta como para iniciar el ataque con garantías. Por norma general, la gran mayoría de las presas habituales del felino no llegan a pesar más de 50 kgrs (gacelas e impalas son sus presas favoritas), pero en ocasiones ataca topis o ñus de tamaño medio (más de 125 kgrs); también los facoceros pueden ser rivales temibles gracias a sus largos y afilados colmillos.

La habilidad de trepar a los árboles desde muy temprana edad puede marcar las diferencias entre la vida y la muerte para un leopardo, sobretodo en regiones como el Kruger o el Masai Mara con tanta competencia de depredadores. Es cuestión de tiempo que alguna hiena aparezca cuando un leopardo se haya cobrado alguna víctima, si esta es divisada a tiempo podrá disfrutar de su merecido premio en lo alto de un árbol, sino las poderosas mandíbulas de la hiena (las más fuertes de África tras las del cocodrilo del Rilo) le robarán la pieza; rara vez un leopardo intentará enfrentarse a unas hienas hambrientas y arriesgarse a salir herido, a no ser que se trate de una hiena solitaria y la presa lo requiera. En el caso de leones, el leopardo huirá por salvar la vida. Así como la relación entre leopardos y leones es de puro odio, la que mantienen con las hienas es más compleja. No todos los encuentros con estas últimas tienen porque terminar en enfrentamiento. Muchas veces se han visto comer de una misma pieza a un leopardo y una hiena. En ocasiones se siguen mutuamente para cada uno sacar partida en su propio beneficio.Estos felinos, al igual que hienas y leones, son de hábitos más bien nocturnos, aunque no es raro verlos en acción a plena luz del día si la oportunidad lo requiere. Cuando un leopardo mata a una presa, lo primero que hace será asegurarse rápidamente de poner la pieza a buen recaudo ya que sino hienas y leones lo robarán la presa, especialmente las primeras que parecen tener un imán para detectar donde y cuando un leopardo mata. Una vez puesta la pieza a buen recaudo en lo alto de un árbol, el resto de depredadores sólo podrán mirar impasivos como el felino se jacta de sus presa mostrando sus caninos en señal de desaprobación; tan sólo un amplio número de competidores podrán poner nervioso al leopardo y que este cometa un error y su pieza caiga al suelo.

Los leopardos desde muy temprana edad, sobretodo a partir del año, empiezan cada vez más a pasar más tiempo solos, aunque no intentarán separarse mucho en un principio del territorio maternal para evitar confrontaciones con otros leopardos. Esta postura será permitida por las madres siempre y cuando no haya una nueva camada de por medio. A estos leopardos sub-adultos que están en proceso de hacerse con un territorio se les denomina ´flotantes´. Así como los encuentros entre machos adultos pueden resultar muy violentos, incluso aunque este sea entre un macho y una hembra que puede acabar con esta última muerta, no ocurre lo mismo con el de las hembras con vástagos anteriores. En ocasiones han sido visto hembras de leopardos con crías a su cargo aún, compartiendo una presa con un macho solitario, aunque estos encuentros son muy raros y no siempre resultan amistosos. Los leopardos se sirven de un llamado denominado chuffing para dar a conocer sus intensiones para con otros de su misma especie. Es una especie de resoplidos ásperos y repetitivos que son emitidos soplando con fuerza por la nariz mientras mantienen el hocico cerrado. Es muy típico en también en los jaguares, no así en leones y guepardos.

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