El periodo de gestación de los leopardos es de entre 90 y 105 días. Las hembras de leopardo, como cualquier oto felino, son ovuladoras inducidas; esto quiere decir que solamente liberan el óvulo cuando comienza el apareamiento, lo que no deja de ser beneficioso para estos depredadores cuyas características solitarias les permiten a los machos encontrar a las hembras antes de que estas ovulen. Cuando los machos se hayan patrullando los límites de su territorio, la ovulación inducida es una clara ventaja, pues les permiten estar alerta ante la disposición de sexual de alguna hembra.

Por lo general, cuando las hembras están en celo suelen ser promiscuas, con lo que cualquier macho que se halle cerca del territorio podría aparearse, incluso se pueden llegar a aparear con varios machos durante este período. Esto puede resultar una ventaja para los futuros cachorros, ya que así la paternidad de las crías no estaría nada clara con lo que ayudaría a evitar el infanticidio por parte de los machos residentes al no saber a ciencia cierta quien es el padre; aunque normalmente los machos que no están plenamente desarrollados tendrán pocas opciones de aparearse hasta que no consigan su propio territorio que suele ocurrir cuando alcanzan la edad de 3 o 4 años. Es raro que antes de que un leopardo adquiera un territorio deje marcas de olor, más que nada para evitar la confrontación con otros machos.

Al nacer los cachorros de leopardo pesan entre 400 grs. y 1 kgr y son ciegos. Abrirán los ojos transcurridas las dos primeras semanas de vida. A las seis semanas ya empiezan a moverse entre los arbustos y son capaces de trepar a los árboles con la edad de tres meses. Normalmente el interés por la carne lo tiene al cabo de los dos primeros meses de vida, pero no serán destetados hasta los cuatro meses de edad y poco tiempo después ya son capaces de acompañar a su madre en las cacerías. En ocasiones la madre traerá a sus cachorros las piezas viva, pequeños antílopes, liebres o jabatos, para que los cachorros practiquen la ´mordida asesina´. En términos generales, los cachorros de leopardo son muy curiosos desde muy temprana edad y siempre están experimentando nuevas sensaciones. Desde que son muy jóvenes la madre les irá introduciendo a la vida solitaria ya que los leopardos, a diferencia de los leones y guepardos, son felinos muy independientes y desde que tienen año o año y medio son totalmente independientes. A la edad de seis meses es cuando los cachorros son más visibles con su madre. Durante las primeras semanas de vida de los cachorros, la madre suele cambiarlos de un lugar a otro uno a uno durante las ocho primeras emanas de vida para evitar que el olor impregne el lugar y pueda llamar la atención de depredadores como hienas, leones o babuinos quienes no dudarán en matar a los cachorros. Los cachorros de leopardo tienen muchísimos enemigos. Ademas de los leones, hienas y babuinos, los chacales, las pitones, las mangostas o algunas aves de presa podrían dar muerte con facilidad si los encontrasen. En lugares como el Serengeti o el Masai Mara los leones y hienas son responsables de la muerte de casi el 70% de los cachorros de leopardos y guepardos.

Una hembra de leopardo tiene un tiempo de entres camadas que oscila entorno a los 18 o 24 meses si los cachorros sobreviven. No es fácil sacar adelante a las crías y esta es una labor exclusiva de las hembras. Por lo general, las hembras paren 2 o 3 crías pero muy difícilmente llegarán todas a la edad adulta. En algunos lugares como el Masai Mara es complicado sacar adelante una camada de cachorros debido a la gran cantidad de depredadores que habitan. Hay un león por cada 3 kms2 y el número de hienas es algo mayor. Leopardos, hienas, leones y guepardos tienen mucha competencia por las presas y, aunque en el Mara son abundantes y no todos se alimentan de las mismas presas, el territorio es limitado. En estos lugares con tanta abundancia de presas y competencia, las hembras de leopardo suelen pasar las tres cuartas partes de sus vidas o criando cachorros o preñadas, algo similar ocurre en el Kruger o en Londolozi.

Los leopardos suelen dar a luz en cualquier época del año, aunque en determinadas regiones parece ser que las estaciones juegan un papel importante en ello; así en el Kruger, por ejemplo, un gran número de cachorros nacen a principios de la estación de lluvias que tiene lugar entre los meses de noviembre y marzo y esto coincide con el mayor número de nacimientos de impalas. Es lógico pensar pues que los leopardos calculan cuando tiene lugar el auge del nacimiento de sus presas potenciales para hacerlo coincidir con el nacimiento de sus retoños ya que la abundancia de comida hará más fácil su desarrollo; así, en el Masai Mara coincide ciertamente con el nacimiento de ñus, lo que es una región con tanta competencia favorecerá el abastecimiento de presas para todos. Cuando una hembra va a dar a luz se suele volver más sigilosa y cautelosa, buscando lugares ocultos y seguros como kopjes, afloramientos rocosos o cuevas para esconderse y tener a los cachorros. Esto evita la posibilidad de ser descubiertos por otros depredadores. Durante los primeros días de vida de las criás, la madre pasará con estas la mayor parte de su tiempo amamantándolos y dándoles todo su calor corporal. Cuando se vea en la necesidad de abandonar el refugio para salir a cazar, limitará mucho los movimientos al área donde se encuentren los vástagos para cada poco acudir junto a los cachorros.

A diferencia de los leones, las hembras de leopardos si suelen aparearse antes de que sus cachorros sean totalmente independientes, pero la llegada de una nueva camada supondrá el fin del contacto diario de la anterior generación con la madre que dejara de llevarles alimentos para centrarse en la nueva prole. En líneas generales, el intervalo entre camadas va entre los 18 y 24 meses, cuando los leopardos ya son perfectamente independientes y se pueden valer por si mismos a la hora de cazar presas, algo que no ocurre con los leones que aún a esa edad son muy dependientes del grupo.

Cuando los cachorros son jóvenes, es fácil distinguirlos, algo que no ocurre con los guepardos o leones. Los leopardos suelen tener 2 o 3 criás, por lo general dos, muchas veces macho y hembra que desde muy temprano adoptan un temperamento propios lo que los distingue claramente. El sistema matriarcal de los leones, en los que varias hembras adultas pueden amamantar a varios cachorros aunque no sean suyos, hace más complicado aventurar quien es quién. En los guepardos ocurre que en ocasiones pueden tener más del doble de cachorros que los leopardos lo cual llevará algo más de tiempo saber quién es cada uno. En los leopardos, siempre suele haber un cachorro que sea más dominante sobre el otro, este suele ser el macho que es más grande y fuerte que la hembra. Desde pequeños y durante el primer año de vida son muy juguetones y curiosos, pasarán el día simulando que se atacan, abalanzándose el uno sobre el otro, saltando, mordiendo,... toda una serie de juegos que a la edad sub-adulta les valdrán para desenvolverse con seguridad cuando alcancen la independencia. Son capaces de cazar por si solos con tan solo 6 meses y a los 18 meses ya pueden haber alcanzado su máximo desarrollo y los caninos estarán plenamente desarrollados.

El camino a la independencia para los leopardos no es un camino fácil, ya que la tasa de mortalidad de los sub-adultos es casi el doble que las de los adultos plenamente desarrollados. Este camino es especialmente complicado e incierto en regiones con alta presencia de otros depredadores y en donde los hábitats ya están ocupados por otros machos residentes con lo que apoderarse de un territorio que les de el derecho a aparearse no es nada fácil. Si no disponen de un territorio propio el abastecimiento de presas disminuye, con lo que las posibilidades de sobrevivir se ven mermadas. Es entonces cuando entran en conflicto con los humanos, ya que aquellos leopardos viejos, desterrados o bien muy jóvenes para adueñarse de un territorio buscarán comida fácil atacando al ganado o matando perros en los poblados cercanos lo cual llevará a represalias por parte de los ganaderos que no dudarán en balearlos o envenenarlos.

Un problema patente en los leopardos a la hora de independizarse es la endogamia. El hecho de que muchas hembras jóvenes una vez independientes de su madre deambulen cerca del territorio de esta es para tener así mayor acceso a la comida y minimizar el riesgo de confrontación con otros leopardos. En ocasiones hasta los territorios se pueden solapar, pero esto aumentará las probabilidades de que el padre, si merodea por esos límites se aparee con alguna de sus hijas. Esto se ve acrecentado por el hecho de que si hay machos jóvenes en los alrededores no se aparearan sino disponen de un territorio propio, cosa que no suele ocurrir antes de los 3 años de edad.

Los machos son capaces de determinar la disposición sexual de las hembras simplemente analizando el olor que estas desprenden. Como cualquier otro felino, los leopardos disponen de un órgano en el paladar llamado Órgano de Jacobson que posee dos aberturas en la parte de atrás de los incisivos delanteros por donde captan los olores retrayendo el labio superior sin emitir sonido alguno y al vez mostrando los poderosos caninos (gesto de Flehmen) con el que pueden analizar el contenido hormonal del sexo opuesto. Cuando los leopardos se aparean, al igual que los leones, muestran una mezcla de interés mutuo y agresión. Inicialmente la hembra gira una y otra vez alrededor del macho en clara señal de que está lista para aparearse, pero cada vez que el macho se la acerca esta le rechaza. Cuando el macho consigue montarla, aplana las orejas hacia atrás emitiendo una serie de gruñidos y se inclina hacia adelante como en un intento atrapar con sus fauces el cuello de la hembra. Por lo general se aparearán cada 50 minutos aproximadamente durando cada cópula no más de 10 segundos. Al finalizar cada acto sexual el macho suele brincar hacia atrás tras eyacular en un intento por evitar las zarpas de la hembra ya que el pene de los machos, como en los leones, está provisto de una serie de diminutas espinas que apuntan hacia atrás. Parece ser que sirven para estimular la ovulación, pero al retraer el pene también causa irritación en las hembras. Al finalizar, ambos felinos se echaran uno al lado del otro. La proporción de éxito de quedarse embarazada tras una sola sesión es de menos del 15%

Cuando los leopardos están en proceso de apareamiento el alimento pasa a un segundo plano y aprovecharán cualquier presa que merodee por las cercanías. El infanticidio, como en los leones, también está presente en los leopardos, ya que sólo así un macho conseguirá que las hembras entren en celo por que sino requerirán de hasta dos años para que los cachorros alcancen la independencia. Matar cachorros es parte del proceso por el cual los machos ganan o pierden territorios y les da el derecho a aparearse y tener así la oportunidad de perpetuar sus genes.

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